La D-galactosa es un edulcorante natural que predomina en varias frutas, verduras y lácteos. Investigaciones realizadas por las universidades, La Laguna en Santa Cruz de Tenerife y la Autónoma de Barcelona, han comprobado que tiende a apresurar el envejecimiento en los hombres y a reducir el aprendizaje en las mujeres.

La D-galactosa es un edulcorante natural que predomina en varias frutas, verduras y lácteos.

En una nota difundida por La Laguna, se resalta la rapidez con que influye en el envejecimiento del sexo masculino. Los estudios fueron realizados con animales, a los que se les suministró la D-galactosa para obtener un envejecimiento más rápido.

Efectos de la D-galactosa en el envejecimiento

Esta sustancia deteriora el sistema neuro-inmuno-endocrino en los hombres, por la acumulación anormal de proteínas, lípidos, moléculas del estrés oxidativo, entre otros componentes que varían cuando son expuestos a azúcares, y que van en detrimento de la correcta funcionalidad de varios sistemas en el organismo, lo cual tiende a suceder durante el envejecimiento.

La D-galactosa deteriora el sistema neuro-inmuno-endocrino en los hombres.

El estudio reveló, igualmente, que las sustancias que componen a la D-galactosa favorecen el desarrollo de padecimientos como las neuropatías, la diabetes, el Alzheimer, la arteriosclerosis, y algunas infecciones, entre otras.

Según precisó la especialista que lidera la investigación, Lydia Giménez-Llort, en varias ocasiones los efectos neurotóxicos de la D-galactosa no suelen producir síntomas palpables en la conducta de los individuos, aunque se ha notado que algunos de estos indicios se manifiestan, distintamente, en hombres y mujeres.

Incidencia de esta sustancia en diferentes sistemas del organismo

En la investigación se estudiaron componentes que valoran la edad biológica y la vitalidad de los seres humanos, como los campos cognitivo y emocional, motor y sensorial, así como el nivel de incidencia de esta sustancia en el sistema neuro-inmuno-endocrino.

En los experimentos se utilizaron ratones de seis meses y en ellos se evidenció cómo el suministro de D-galactosa, produjo efectos crónicos en sus organismos.

Para estos experimentos se utilizaron ratones de seis meses –lo cual equivale a humanos de aproximadamente 40 años- y en ellos se evidenció cómo el suministro de bajos niveles de D-galactosa -50 miligramos por kilogramo- así como altos niveles -100 miligramos por kilogramo- produjeron efectos crónicos en sus organismos.

De tal modo, se comprobó que pocas cantidades de D-galactosa produce efectos positivos en los varones, fundamentalmente en la capacidad cognitiva y en la memoria, pero en las hembras sucede lo contrario, pues disminuye el nivel de aprendizaje espacial y motor, aunque por lo general, a largo plazo suelen mejorar la memoria, según precisó el coautor de la investigación, Rafael Castro.