Quienes padecen de diabetes mellitus, encaran diariamente el reto de la existencia en un contexto social organizado para todos aquellos que no comparten su padecimiento. Es, por tanto, una meta de primer orden instituir una serie de reglamentos y de orientaciones para garantizar que quienes padecen de diabetes accedan al disfrute de iguales derechos que quienes integran el resto de la sociedad.

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Todas las personas tienen los mismos derechos fundamentales.

La Doctora Gracia Guillén., en su obra Fundamentos de la bioética (Eudema, Madrid, 1989). resume en cuatro los derechos básicos de los enfermos de diabetes:

1 El Derecho a la vida.
2 El Derecho a la asistencia sanitaria.
3 El Derecho a la información.
4 El Derecho a una muerte con dignidad.

Los tres primeros de estos derechos básicos están estrechamente relacionados con el derecho reproductivo, aquel que tienen las personas a la reproducción y a constituir una familia, incluyendo todas las responsabilidades y connotaciones que deben ser asumidas al encarar la reproducción humana.

Es innegable el riesgo que existe, abalado por las estadísticas, concerniente a que las madres y los padres diabéticos tengan hijos que hereden el padecimiento; pero dicho riesgo no resulta una razón verdadera ni suficiente para hacer desistir a los pacientes de la reproducción, y tampoco para que les sea negado su derecho. No es extraño que algunos especialistas les aconsejen a mujeres pacientes de diabetes tipo 2 que se abstengan de procrear, lo que constituye en sí mismo una discriminación y la negación de un derecho básico del ser humano. El historial familiar de diabetes mellitus tipo 1 incrementa el riesgo de padecer la enfermedad de un 1,3% hasta un 9 %, dependiendo de que la madre o el padre sean diabéticos, siendo mayor el riesgo cuando se trata de este último. Con respecto a la diabetes mellitus tipo 2, puede elevarse el riesgo hasta un 15 % si alguno de los padres padece diabetes, e inclusive puede elevarse hasta un 70 % si la padecen ambos en el momento de procrear.

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A las parejas con diabetes mellitus no debe negárseles su derecho básico de reproducción.

En cambio, es necesario puntualizar que aunque la posibilidad de dicho riesgo exista según las estadísticas, la probabilidad general continúa mostrándose baja, por tanto no debe plantearse el consejo genético, antes mencionado de evitar la descendencia, ya que en el mayor número de casos el pronóstico de diabetes en los pacientes y en sus descendientes se ha manifestado lo suficientemente bueno, razón por la cual a las parejas con diabetes mellitus no debe negárseles su derecho básico de reproducción y creación de una familia.

Únicamente se presentan tres excepciones posibles, donde se aconseja la contraindicación de la gestación:

1 Las pacientes femeninas que presentan pobre expectativa de vida dadas complicaciones tales como: cardiopatía isquémica severa, hipertensión arterial severa, nefropatía diabética avanzada, etcétera.

2 Los pacientes que presentan complicaciones que van empeorando en el transcurso de la gestación, tal como sucede con la neuropatía autonómica digestiva, con un alto riesgo de hiperémesis, y de la retinopatía proliferativa.

3 Los pacientes que presentan pobre control de la diabetes, porque muestran el riesgo sustancial del desarrollo de malformaciones por parte del feto si al lograr la gestación la madre padece hiperglucemia.

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Solo hay tres excepciones posibles, donde se aconseja la contraindicación de la gestación.

La última de estas excepciones, naturalmente, resulta una contraindicación de carácter transitorio que puede resolverse aplicándose una optimización y orientación del control previamente al acto de la fecundación.

Es necesario trabajar, para mantener el derecho a la reproducción de quienes padecen diabetes, como uno de sus derechos fundamentales.