Antes y después de que se descubriera la insulina, una dieta baja en carbohidratos ha estado entre las principales maneras de tratar la diabetes mellitus en cualquiera de sus tipos, porque en esta enfermedad se manifiesta una alteración en el metabolismo de los carbohidratos.

Esta  visión tradicional cambió cuando se estableció el modelo de bajar las grasas para sustituir a los carbohidratos. A largo plazo, también resultó contraproducente, pues se producía un impacto en las enfermedades cardiovasculares.

La insulina ayuda a la glucosa a entrar a las células del cuerpo.

Después, con la aparición de la insulina, el enfoque se concentró en tratar a la diabetes mellitus como una dolencia de tipo hormonal. Los tratamientos farmacológicos pasaron a ocupar un lugar privilegiado y se descuidó la alimentación de los pacientes.

A pesar de estas circunstancias, una dieta baja en carbohidratos sigue siendo efectiva para el tratamiento de la diabetes. El fracaso de estos enfoques apunta a que se debe evaluar nuevamente el valor de una reducción de los hidratos de carbono en la alimentación de los diabéticos.

Especialistas en el tema, han propuesto un grupo de aspectos para la reevaluación del beneficio, que representa una dieta baja en carbohidratos para el paciente diabético.

Algunas evidencias a favor de la reducción de carbohidratos

No hay que bajar de peso para conseguir el beneficio de una restricción en el consumo de carbohidratos. Esto significa que, por lo general, se obtienen resultados más favorables con una dieta baja en estos nutrientes que con una hipocalórica.

Adelgazar casi siempre permite al paciente una mejoría de la sintomatología de la diabetes mellitus tipo 2. Sin embargo, existen personas con este tipo de diabetes que no están pasados de peso y, personas que tienen sobrepeso y jamás han padecido la enfermedad. En el caso de los diabéticos tipo 1, por lo general, no tienen sobrepeso.

El sistema digestivo convierte los hidratos de carbono en glucosa.

No existe mejor manera de bajar de peso, que reduciendo la ingesta de alimentos que proporcionan carbohidratos. Este planteamiento lo sustentan varias investigaciones en las que se comparó este tipo de dieta con las hipograsas. Un editorial reciente de la revista JAMA expresó que las dietas bajas en grasas fueron un fracaso en los Estados Unidos.

La hiperglucemia constituye la característica fundamental de la diabetes. Al disminuir el consumo de carbohidratos, se reducen los niveles de glucemia y ello tiene un impacto positivo en el control de la diabetes tipo 1 y tipo 2.

El reemplazo de los carbohitrados por proteínas resulta provechoso para el paciente diabético.

El reemplazo de estos nutrientes por proteínas resulta provechoso para el paciente diabético. Varias investigaciones concluyeron que las dietas ricas en alimentos proteicos y bajas en carbohidratos, repercuten positivamente en parámetros como índice metabólico en reposo, adelgazamiento y composición corporal.

Las personas con diabetes tipo 2 que tienen dietas con bajo contenido de carbohidratos, logran una reducción en el consumo de medicamentos e incluso llegan a su eliminación. Mientras que los diabéticos tipo 1 bajan sus dosis de insulina.

En estos dos casos, una dieta restringida en hidratos de carbono disminuye la descompensación de los índices glucémicos. Esta reducción es mucho más benévola que los efectos colaterales que provoca la medicación intensiva.

Debate abierto

Los pacientes con preferencias alimentarias diversas y una percepción diferente del riesgo-beneficio, se apegan mejor al cumplimiento de este tipo de dieta.

Sin embargo, aquellos que se medican con hipoglucemiantes deben estar alerta, porque pueden experimentar un episodio de hipoglucemia.

Por ello se les recomienda reducir las dosis antes de someterse a una dieta baja en carbohidratos.  Es precisamente por aquí, por donde se ha abierto el debate.