En los últimos años se publican cada vez más informes referentes a las posibilidades resultantes de los medicamentos conocidos por el nombre de las incretinas. Este nombre sintetiza su efecto sobre el eje enteroinsular en dos hormonas: GLP-1 y GIP, siendo la GLP-1 relevante clínicamente, factor este de gran importancia para la fisiología normal y patológica, con repercusiones patogénicas en la diabetes, en especial, el relacionado con la conocida como tipo 2.

Los mecanismos potenciales para que se empleen en farmacología los análogos de GLP-1 estimulan que sean aplicados en diabetología, sobre la base de los múltiples efectos demostrados en la liberación de insulina, con una concomitante inhibición de la liberación de glucagón, respondiendo a la estimulación de glucosa; el enlentecimiento provocado en el vaciamiento gástrico, inclusive, la posible preservación de la masa de células beta al nivel del islote pancreático.

¿Por qué aparecen estas moléculas?

La aparición de dichas moléculas resulta de la identificación de una proteína presente en la salivación de los lagartos denominados Monstruo Gila, la cual hizo posible la síntesis de la exenatida, análoga, en un 53 por ciento, con la proteína original de GLP-1, aplicable en los diabéticos obesos.

Para superar el efecto no deseado de inmunogenicidad se han investigado otras moléculas.

Con esto, fue resuelto de manera parcial un problema de tipo farmacodinámico. Por un lado, la degradación veloz a que se somete la hormona por el complejo enzimático dipeptidil-peptidasa se contrarresta por la relativa resistencia que permite la droga, siendo administrada subcutáneamente en dos dosis al día, asemejándola al empleo en clínica que recibe la insulina. Mientras que el coste elevado, así como la posibilidad de generar inmunogenicidad, recomiendan su utilización solamente combinándola con otros anti-diabéticos, lo cual no constituye un sustituto a la insulina.

Para superar dicho efecto no deseado de inmunogenicidad se han investigado otras moléculas. Tal es el caso de la liraglutida, la cual alcanza mayor homología de un 97 por ciento con la proteína nativa, pudiendo convertirse en un nuevo recurso terapéutico.

Degradación de las incretinas

La aparición de esta nueva familia de fármacos: las drogas llamadas gliptinas, puede conllevar a la inhibición de las enzimas causantes de la fulminante degradación de las incretinas, garantizando con esto más estabilidad en el estímulo fisiológico secretor de la insulina. Entre las posibilidades de dichos fármacos está el que se les pueda administrar por la vía oral, en una única dosis diaria. Esto facilita que se le indique a grupos de pacientes específicos, como es el caso de los de la tercera edad.

Entre las posibilidades de esos fármacos está el que se les pueda administrar por la vía oral, en una única dosis diaria

Entre las posibilidades de esos fármacos está el que se les pueda administrar por la vía oral, en una única dosis diaria.

Los efectos normoglucemiantes de estos nuevos tipos de fármacos, como son los casos de la sitagliptina y la vildagliptina, resulta moderado, presentando una reducción importante entre los diabéticos que tienen un descontrol superior de glucemia, lo que sucede con fármacos anti-diabéticos. Por tanto, el mayor provecho que pueden reportar sería entre personas que presenten un historial de menos duración como diabéticos, por suponerse una mayor integridad del eje enteroinsular. Se justificaría, de esta forma, que se les indicase como monoterapia en un grupo reducido pequeño de pacientes.