Afortunadamente, hace ya varios años los consumidores nos beneficiamos con una legislación que obliga a los fabricantes a incluir información pormenorizada en las etiquetas de cada producto elaborado. Pero, ¿sabemos interpretar apropiadamente todo ese material? Les propongo en este post acercarnos al tema. Cada producto envasado, enlatado, embotellado o ensacado contiene información de dos tipos: una general y otra nutricional.

Información general sobre las etiquetas

Cada envase debe decirnos con claridad el nombre del producto y si el mismo, en su elaboración, se sometió a procesos físico-químicos como congelación, trituración o ahumado. De igual manera, esta información debe especificar si es pasteurizado, si es un zumo, un preparado o néctar.

Se nos presenta también la cantidad de producto que determinado envase contiene. Esta cifra se expresa en unidades de masa para los sólidos (por lo general gramos o kilogramos) y en unidades de volumen para los líquidos (regularmente litros o mililitros).

Debe aparecer también el nombre y la dirección del fabricante y, si el producto proviene del exterior, el nombre del importador y cómo localizarlo. Este tipo de información resulta muy valiosa en caso de que se necesite aclarar algún aspecto de la composición o, sencillamente, para cualquier reclamación.

Debe aparecer también el nombre y la dirección del fabricante y, si el producto proviene del exterior, el nombre del importador y cómo localizarlo

Debe aparecer también el nombre y la dirección del fabricante y, si el producto proviene del exterior, el nombre del importador y cómo localizarlo.

«Consumir preferentemente antes de…» y «Fecha de caducidad»

De igual modo, es importante chequear que, en el envase, aparezca el tiempo óptimo para el consumo de determinado producto. Así sabremos en qué momento podemos comerlo o prepararlo. A pesar de ello, debemos diferenciar entre «Consumir preferentemente antes de…» y «Fecha de caducidad». Esta última advertencia se emplea en aquellos productos que se echan a perder con rapidez, por ejemplo, la carne, el yogur y los huevos. Una vez superada esa fecha, no debemos consumirlos porque corremos el riesgo de intoxicarnos.

La recomendación de «Consumir antes de…» se utiliza con productos que se conservan un poco más de tiempo que los anteriormente mencionados. Aquí sobresalen el arroz, las legumbres y las pastas. Consumir alimentos como estos un poco más de tiempo que el sugerido no implica riesgos elevados para salud, pero sí pueden presentarse modificaciones en aspectos como el sabor y la textura.

En la información general también debe aparecer el lugar de origen del producto, porque para alimentos como las carnes y las hortalizas es obligatorio declarar la región o país de donde provienen. Incluso, debe indicarse la marca o cualquier otra aclaración que le facilite al consumidor saber el sitio de procedencia del producto.

Es importante chequear que, en el envase, aparezca el tiempo óptimo para el consumo de determinado producto

Es importante chequear que, en el envase, aparezca el tiempo óptimo para el consumo de determinado producto.

Información nutricional

La información nutricional también es sumamente importante. En ella deben aparecer la totalidad de ingredientes y aditivos. Los primeros deben ubicarse de mayor a menor. Asimismo, deben declararse el por ciento de cada uno de ellos.

Si fueran organismos modificados genéticamente, los mismos tienen que figurar obligatoriamente en la etiqueta si sus cantidades superaran el 0,9 por ciento. El fabricante está en la obligación de incluirlos en los ingredientes con la frase «modificados genéticamente».

Aditivos

Los aditivos se mostrarán con la grafía E delante de su numeración. Entre los más usuales están los edulcorantes, espesantes, colorantes, estabilizantes, emulsionantes, conservantes, aromatizantes, gelificantes y antioxidantes. Por ejemplo, uno de los edulcorantes más utilizados es la Sacarina E954 y entre los colorantes está el Rojo Cítrico E121.

Por último, deben aparecer los valores nutricionales por cada 100 gramos o 100 mililitros. En la etiqueta debe contener las proteínas, carbohidratos (especificando la cantidad de azúcares), las grasas (si pasan de tres gramos y se indicará las saturadas) y la energía (en calorías). De igual manera, deben figurar la cantidad de fibra, así como el sodio presente (esencial para hipertensos). Muchos fabricantes también incluyen en el etiquetado información sobre vitaminas y minerales con la dosis diaria recomendada.

Entre los aditivos más usuales están los edulcorantes, espesantes, colorantes, estabilizantes, emulsionantes, conservantes, aromatizantes, gelificantes y antioxidantes

Entre los aditivos más usuales están los edulcorantes, espesantes, colorantes, estabilizantes, emulsionantes, conservantes, aromatizantes, gelificantes y antioxidantes.

Consejos finales

La próxima vez en el mercado, fíjese bien en la etiqueta de lo que vaya a comprar y:

  1. Verifique la fecha de vencimiento.
  2. No abuse de alimentos ricos en azúcares, calorías y grasas. Si tiene dudas consulte con su médico o educador de diabetes. De ser posible llévele la etiqueta.
  3. Compruebe los aditivos e ingredientes, sobre todo si, además de la diabetes, es alérgico a algún alimento.